jueves, febrero 28, 2013

Escoria estelar II


II



Xutt es el sistema más exclusivo del universo. Nadie puede entrar en él si alguien de dentro no le ha llamado. Allí sólo viven monarcas retirados, viudas de almirantes, familias de magnates o estrellas del espectáculo. Los recursos que uno de sus habitantes gasta en una hora podrían servir para mantener a una familia del borde exterior durante un año. Así es Xutt, opulencia en su máximo esplendor, alta nobleza, grandes fortunas, honor, lujo; por eso me escamaba que nos hubieran llamado de allí, precisamente a nosotros. Pero si Roy decía que el contrato estaba en regla, es que estaba en regla, y si decía que el contacto era de fiar significaba que ya lo había rastreado por la holored hasta conocer el nombre de los abuelos del último médico que le pasó consulta. Así es Roy, con él no hay corazonadas ni presentimientos que valgan.

         Sólo hay una forma de acceder al sistema planetario de Xutt, un pasillo de entrada estrecho y vigilado por varios acorazados, destructores, fragatas y una constelación de cazas. Cualquier fragmento de meteorito que se acerque por algún punto no autorizado será desintegrado de inmediato por otras tantas naves que vigilan sin descanso los límites del sistema. Cuando se pasa el perímetro de seguridad es el peor momento para una equivocación o un malentendido. Mientras declaraba asunto y destino a los del puesto de entrada, rezaba por que ninguno de mis patanes saliera con alguna de sus locuras. Sólo en Roy confío para estas cosas, aunque a veces demuestre tener la sensibilidad de un cadáver congelado.
domingo, febrero 24, 2013

Tres visiones de Solaris


Presentación-Una idea peligrosa



Cuando desde la dirección de Generación Zero se nos hizo saber que el siguiente número, el que ahora mismo estás leyendo, versaría sobre Ciencia Ficción, fue casi instantáneo pensar en Lem. ¿Por qué Lem? La lista de nombres que han escrito Ciencia Ficción es casi inabarcable y, por suerte para los afectos al género, aquellos cuyas obras son reseñables también se cuentan por decenas: Isaac Asimov, Philip K. Dick, Arthur C. Clarke, Frederik Pohl, Orson Scott Card, Ray Bradbury, Dan Simmons, H. G. Wells, el propio Howard Phillips Lovecraft en algunas ocasiones... y esto sin ser exhaustivos con la recopilación de talentos, que podría extenderse durante muchos más nombres y aun así siempre habría alguien que nos acusaría de haber olvidado a su favorito. ¿Qué tiene, pues, de especial Stanislaw Lem? La respuesta es compleja en muchos aspectos pero sencilla en otros, pues si algo tiene Lem que no tiene nadie más es Solaris. Se pueden alegar artefactos, teorías y personajes fabulosos; psicohistorias, replicantes, dos mil unos, pórticos, Ender y los cerdis (sí, sí, los cerdis, esos seres fantásticos y simpáticos incluso en los momentos más dramáticos, ¿quién no querría un cerdi por mascota o amigo?)... pero quizá, y sólo quizá, Solaris vaya más allá de todos ellos al condensar en menos de trescientas páginas algunos de los temas más importantes de la Ciencia Ficción y, además, ofrecer una lectura demoledora de uno de los pilares de las sociedades desarrolladas contemporáneas desde finales del siglo XIX, la ciencia.

Sin embargo, hablar de Solaris para plantear esto resultaría prácticamente baladí desde el momento en el que basta con teclear autor y obra en tu buscador de Internet favorito para encontrar cientos de entradas que lo dicen. ¿Qué podríamos añadir que no hubiera sido dicho una y otra vez hasta casi llegar a conseguir que el sentido final de la obra se diluya en la interpretación repetitiva, casi canónica, de la misma? La respuesta está en sus adaptaciones cinematográficas, tanto la rusa, firmada por Tarkovski en 1972, como la norteamericana de Soderbergh, treinta años más tarde. Y, sobre todo, la visión de cómo la propia historia de Solaris y la solarística, así como las ideas “peligrosas” que se escondían tras ellas se van viendo matizadas, llegando incluso a desaparecer conforme avanzan los años y los ojos que se vuelven hacia el cielo en busca de respuestas cada vez se plantean menos preguntas. Así pues, pasen y lean la triste historia de la decadencia de la solarística, de la capacidad de muchos para poner en duda las verdades que nos venden como absolutas, y del apoteosis de la ciencia.
miércoles, febrero 20, 2013

Cortijo Prometido (Diarios de lo Despatarrante I)


Aquí presento mis Diarios de lo Despatarrante, los trabajos de campo escritos durante el transcurso de mis investigaciones, otra de las cámaras ocultas de esta Patera de lo paranormal en la que, junto a mis siempre fieles colaboradores, trataré de poner luz y taquígrafos sobre esa otra realidad intangible que se oculta en los rincones más ocultos de nuestra vida cotidiana. Caminad con nosotros sobre los pasos del misterio, no os arrepentiréis.


Quique Jiménez.


sábado, febrero 16, 2013

Héroes de Anzio III


III



Ocho y media de la mañana. Por fin se ha conseguido acabar con los pilotos del segundo StuG. Hay hombres acercándose a él con sticky bombs, valientes que se juegan la vida por darnos una oportunidad a todos. Un francotirador hiere a uno de ellos en la pierna. Cae, se detiene, la torreta se gira. Un destello le da la despedida de este mundo antes de hacerlo pedazos. Un puñado de hombres se ha lanzado sobre la estación de trenes. Podría ser un buen refugio, una retaguardia.

            ―Sargento, ¿avanzamos?

            ―Sí, hasta las casas, pero sin perder de vista la estación ferroviaria, podría ser un sito al que escapar.

            ―¿Y la carretera?

            ―Nos queda demasiado lejos.
martes, febrero 12, 2013

Sorpresa


¿Lo oyen, ese gruñido desagradable como el hozar del jabalí? Es mi esposa. Y no se les ocurra hacer ruido, porque aparte de los ronquidos, las proporciones, y ese vello hirsuto que le da a su bigote la suavidad del alambre de espinos, mi mujer comparte con el puerco salvaje las malas pulgas que lo han hecho temible. Sin duda, despertarla en estos momentos sería una idea tan feliz como la de aquel timonel que dijo “¿Qué te vas a que le doy al trozo de hielo que se ve ahí delante?” durante la noche del 14 de abril de 1912.

Sí, esa es mi esposa. No se imaginan ustedes lo que es vivir bajo la influencia de semejante basilisco. Veinte años de paquetito de tabaco, un ratito de peña y a casa, que llueve. Faustino para acá, Faustino para allá, Faustino que te la ganas…

Pero… ¿saben lo que les digo? Yo soy feliz.

Vengan, síganme; sin hacer ruido, claro está. Sí, es aquí mismo, en el cuarto de al lado. ¿Reconocen el ronquido? En eso el niño ha salido clavado a la madre, y también en el físico, aunque él es ligeramente más peludo que ella. Éste es mi Javierito, el ojito derecho de mi mujer, el forúnculo purulento de mi trasero. Lo único bueno que tiene el angelito es que es hijo único, porque si llego a tener dos como él…

Mi hijo es… un artista; o al menos lo intenta. Como los estudios no conseguían captar su atención y el trabajo… “no le sienta bien al niño, es demasiado sensible”, según palabras de mi doña, en cuanto terminó la E.G.B. se le buscó a Javierito alguna actividad con la que dar salida a todo el talento que sin duda debía tener escondido en alguna parte. Al violín le arrancó los gemidos más espeluznantes que jamás se hayan oído sobre la faz de la tierra, la literatura resultó tener demasiadas reglas para un espíritu libre como el suyo, la carrera de actor le duró el bochorno (tanto para él como para mí, su acompañante) de sus tres fallidos castings, y la pintura al óleo lo ha sumido en una crisis creativa y emocional que le ha hecho perder dos de sus más de cien kilos…

Así de últimas, lo que me comentó en petit comitee es que quería ser actor porno, que ahí también hay mucho arte y que por lo visto él aguanta mucho antes de eyacular. Desde luego me consta que practica mucho la modalidad individual (quizá por eso la pérdida de peso), pero como actor porno no termino de verle, la verdad.

En fin, no importa, soy feliz. ¿Y saben por qué? Pues porque yo ya no estoy aquí; no señor. Mis restos yacen plácidamente chamuscados a trece kilómetros de este lugar, entre un amasijo de metal empotrado contra un árbol. Menuda sorpresa, ¿no? Guárdenme el secreto, tengo ganas de ver la cara que pone mi esposa mañana, cuando le den la noticia.


Relato ganador del I Concurso de relatos de la revista “Punto Cultural”
viernes, febrero 08, 2013

Indicaciones de la Ciencia Ficción


Cuando leí Crash, del maestro Ballard, quedé prendado no sólo de la novela en sí, sino también del prólogo con que el autor la iniciaba (según la nota a pie de página, publicado por primera vez en la edición francesa, Calmann-Lévy, 1974). Se trataba de un alegato en favor de la Ciencia Ficción (quizá del fantástico en general) que lo señalaba como el género con mayor capacidad de señalar y advertir sobre los problemas de nuestra sociedad presente y futura, incluso de mostrarnos interpretaciones más clarificadoras del pasado, por aquello de aprender de los errores. Con esa idea me quedé, y fue a raíz de un vacuo y por momentos agrio debate con una de esas personas que creen que la Ciencia Ficción son sólo marcianitos verdes con antenas y naves espaciales, que me surgió la idea de escribir esto.
lunes, febrero 04, 2013

Escoria estelar I

I


Según me dijeron en alguna ocasión, no se puede pensar con claridad cuando uno vuela más rápido que el sonido, sobre todo si se viaja en una nave de descenso desconocida, averiada por varias descargas láser, y una constelación de avisos en inquietante rojo parecen anunciar lo que ya se ve desde el visor frontal: el suelo se acerca a mucha velocidad, demasiada si se quiere conservar una consistencia superior a la de la mermelada de frambuesa.

Es mentira lo que me dijeron; se piensa. Yo al menos no dejaba de pensar en unos cuantos nombres de la saga dinástica de mi amigo Béla Words, y no lo hacía en buenos términos, todo sea dicho.

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