Para enfermos de aburrimiento alérgicos a la pasta de celulosa, para exiliados de bibliotecas con tiempo pero sin estantes, para marineros de la red con tendencia a hacer parada y fonda en tabernas de relatos, para viajeros de sillón y amantes de la aventura estática, para todos ellos y para ti mismo se abre esta consulta literaria, la del doctor Perring, enhebrador de palabras, zurcidor de conceptos y trazador de historias.


Tratamiento único y definitivo: tú pones los segundos, el que suscribe pone las letras...

lunes, julio 12, 2010

El niño que bailaba bajo la luna (Juan Ángel Laguna Edroso)




Ecos de Poe, sombras de Dunsany y brillos de Lovecraft, efluvios góticos preñados de leyenda y misterio en un cuento ambientado en el Aragón pirenaico de brujas, lobos, gatos negros y vetustos cementerios. Eso es lo que se nos ofrece con esta primera publicación de la editorial Nuevos Soportes Gráficos, primera del mundo en editar en un soporte plástico impermeable, con una resistencia al tiempo y al uso muy superior a su homólogo de celulosa y que no necesita de la tala de árboles para conseguir su materia prima.

Enmarcada dentro de las actividades creativas del grupo Cambium, esta obra supone una fuerte apuesta, además de por el novedoso soporte, por su edición bilingüe, con traducción al francés de Eléonore Jacquiau-Chamska, y también por la profusión de ilustraciones intercaladas, obra de Jean Gilbert Capietto, que le dan al conjunto una presentación excepcional.

Así pues, vamos con la reseña de esta obra del señor Edroso, o Kachi, o Akhul, según el puerto en el que hayas tenido el honor de cruzarte con él.

Autor: Juan Ángel Laguna Edroso (Zaragoza, 1979), diplomado por la Universidad de Zaragoza en Ingeniería Química y residente en París.

Profundo amante de la literatura desde su más tierna juventud, vio como su primera novela, Cain Encadenado, era publicada en el 2000 bajo el sello de Premura Editorial.

A partir de ahí, y en cierta medida gracias al impulso que aquello supuso, ha desarrollado una intensa actividad literaria que lo ha llevado entre otras cosas a ganar el certamen “500 gotas de agua” en el 2001, con la consiguiente publicación del relato Lágrimas amargas (Editorial Egido); a ser finalista en el concurso “Psycho-tau” (Ediciones Tau) del 2002 con su novela Lección de Miedo; a ganar en el 2004 el concurso “Imágenes de Aragón” con el relato Un rincón de Zaragoza, publicado por Editorial Egido; y a ser también ganador del “2º Certamen Relato Joven 2005” en la categoría Tácito, con el relato Candado herrumbroso, y primer finalista en la categoría Leviatán con el relato El fantasma de Rödika Sprecherin, ambos de próxima publicación.

También ha sido autor de las contracubiertas de los libros Los límites de José Ángel Jarne (Mira Editores) y Un portal de palabras (NSG-Ociojoven), de próxima aparición, y ha visto publicados sus relatos Tendencias Suicidas (revista Punto Cultural) y Sextrum 3000 (revista Alfa Eridani).

Actualmente combina sus actividades de ingeniería con gran cantidad de proyectos de creación literaria, la publicación de artículos en la revista  “Criaturas saturnianas”, perteneciente a la Asociación Aragonesa de Escritores, de la que es miembro numerario, y la explotación de la patente del libro de plástico a través de su editorial Nuevos Soportes Gráficos, sello que publica la obra que aquí reseñamos.

Sinopsis: Bajo la luna llena, un niño rubio como un querubín, pálido como la reina de la noche, se dispone a perpetrar una de sus travesuras: la visita al vetusto cementerio de la localidad. Así, acompañado por los ruidos y las presencias nocturnas, abrigado por la atmósfera del más clásico terror gótico, se desarrolla este cuento del niño que bailaba bajo la luna y la tormenta, entre los aullidos de los lobos y las lápidas del cementerio, sin saber por qué sentía esa atracción irrefrenable por el astro nocturno…

Edición: El Niño que Bailaba bajo la Luna/L´enfant qui Dansait pour la Lune, ediciones Nuevos Soportes Gráficos − Grupo Cambium.

Formato especial, tamaño 22x22 cm, fabricado en papel plástico (más información aquí); tapa blanda, 55 páginas con ilustraciones en blanco y negro de Jean Gilbert Capietto y traducción al francés de Eléonore Jacquiau-Chamska.

ISBN: 84 93429 201

Libro de plástico: http://www.ociojoven.com/article/articleview/954081/

Conclusión: ¿Qué hay más agradable que leer a media luz una de esas historias donde la atmósfera nos puede y nos lleva a los más oscuros rincones de la imaginación? ¿Qué mejor que dejarse seducir por la leyenda en lugar del suceso, por el terror que se susurra y no por el que se grita, por el buen gusto más allá sorpresas y otros recursos efectistas?

Desde el inicio de la lectura uno se siente sumergido en esa magia de la que tan buen uso hacían clásicos como Poe, Lovecraft y Dunsany, fuentes de las que sin duda ha bebido el autor. Con una prosa rica, cuidada, generosa en reminiscencias líricas, se desarrolla una historia donde todo se insinúa aunque nada se dice, haciendo partícipe de la historia al lector, que de entre las bellas imágenes que se presentan ante su imaginación, de entre las menciones y los recuerdos, ha de llegar por sí mismo a ese fondo de terror que subyace oculto en los buenos cuentos de misterio.

El juego de iconos con el que se arma la historia: los cuervos portadores de mal agüero, los lobos que rinden pleitesía a la luna con su coro de aullidos, las brujas de leyenda, los gatos negros que guardan oscuros secretos tras el iridiscente brillo de sus ojos, son los viejos conocidos que nos acercan la historia al recuerdo, a las clásicas historias que, de pequeños, nos regalaron esa primera punzada en el estómago, ese primer escalofrío que tan agradable resultaba al calor de la familia.

También cabe mencionar aquí el gran trabajo que el artista gráfico Jean Gilbert Capietto ha realizado para la obra, bellas creaciones en blanco y negro que hacen de éste un verdadero cuento ilustrado y no “con ilustraciones”, en el que la palabra y la personalidad del que la firma tienen perfecta réplica en las también personales ilustraciones; a veces sutiles, como hojas que caen en la noche, otras rotundas y majestuosas como el oscuro cementerio, para el cual se tomó como modelo el de Père Lachaise.

En definitiva, un gran despliegue de talento para sacar adelante lo que hace no tanto tiempo era sólo una ilusión.

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