Para enfermos de aburrimiento alérgicos a la pasta de celulosa, para exiliados de bibliotecas con tiempo pero sin estantes, para marineros de la red con tendencia a hacer parada y fonda en tabernas de relatos, para viajeros de sillón y amantes de la aventura estática, para todos ellos y para ti mismo se abre esta consulta literaria, la del doctor Perring, enhebrador de palabras, zurcidor de conceptos y trazador de historias.


Tratamiento único y definitivo: tú pones los segundos, el que suscribe pone las letras...

sábado, septiembre 28, 2013

Servicio a domicilio



Microcuento. Hasta las viejas leyendas tienen que adaptarse a estos tiempos modernos...




Era un hombre grande, ceñudo y desaliñado, de barba desidiosa, con un sucio y viejo saco de arpillera desinflado sobre su hombro. Tras sus vidriosos ojos parecía estar agazapado un abismo de insondable y oscura maldad, y sus manos, fuertes y nudosas, se retorcían una sobe otra evidenciando aquella pulsión interior. Después de ajustar su sucia camisa y retocarse el pelo con un par de rápidas pasadas de mano, llamó decidido al timbre de aquella casa. Apenas un instante y un crujido de goznes más tarde, la hoja de madera pareció batirse en retirada al tiempo que una mujer de mediana edad, discutible y ajada apostura, y rematada en su cima por un alto y enérgico moño de ama de casa en faena, surgió de entre las penumbras hogareñas.


―¿Mande? ―dijo entornando los ojos y mirando de hito en hito al visitante.

―Señora, soy el Hombre del Saco ―se presentó aquel individuo.

―Vaya, a buenas horas, ¿no? ―le soltó la reprimenda que desde hacía un rato rumiaba.

―Lo siento, señora, no localizaba la dirección ―la mirada del visitante se hizo menos fiera.

―Ya, ya ―lo silenció con un gesto de la mano―. Ramirito ―gritó hacia el interior, y un chiquillo llegó trotando desde el fondo del pasillo: regordete, malencarado, con los mofletes churretosos y gran cantidad de travesuras marcadas a mancha y cicatriz sobre todo él. El pequeño, presa de un terror atávico e innominado, se quedó inmóvil y pálido al llegar a la entrada―. Ea, ya ha venido el Hombre del Saco a por ti, por ser tan malo y tan trasto ―lo agarró del brazo y con infinita crueldad lo acercó al visitante, mientras el niño rogaba y se retorcía presa de un ataque de pánico. Cuando consideró que ya era suficiente, lo liberó y dejó que se perdiera pasillo adentro―. Por esta vez te has librado, pero la próxima dejo que te lleve, ¿te has enterado? ―No hubo respuesta desde el fondo del pasillo―. ¿Cuánto es? ―se dirigió esta vez al visitante.

―A ver, visita sin recogida, con oferta especial de primera vez… Son cinco cincuenta, señora.

―Aquí las tiene. Y oiga, por si algún día quiero que venga el Coco, o el Sacamantecas…

―Llame al mismo número, pertenecemos a la misma franquicia. Buenas tardes.        

―Buenas tardes, y vaya con Dios.




Segundo Premio del Concurso de Leyendas Urbanas de Pola de Siero 2007

3 comentarios:

Pedro López Manzano dijo...

Jajaaajajaja.
Tengo un par de amigos profes que afirman que a algunos de sus alumnos les iría bien un sustillo. Les paso la idea, de tu parte.

Por cierto (offtopic), pásate por Cree lo que Quieras, que te he dejado un detalle,

Saludos.

Canijo dijo...

Jeje, no sé yo si eso sería lo mejor, un profesor debe tener cierto gusto por los niños (si es profesor de infantiles) y me da a mí que esta la escribí más bien por lo contrario...

Y ahora voy a preparar lo de las preguntas y demás; muchas gracias, socio.

weiss dijo...

Jejejeje, éste no lo conocía. Qué salao :D

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