martes, abril 30, 2013

La trampa del escritor cinematográfico


Recuerdo la primera vez que leí sobre los “escritores cinematográficos” (o algo parecido, no le hagas mucho caso a mi memoria), aquello se refería a todos los que, nacidos en fechas posteriores a los inicios del cine (o de la televisión, si me apuras) tenían una forma cinematográfica de plantear sus historias, algo así como que imaginaban una película en sus mentes y escribían lo que “veían”; una película, con todos sus elementos cinematográficos, no un relato escrito o hablado. Leer la definición me resultó muy estimulante y, como todo aficionado, traté de buscar ese deje prosístico en mis escritos cual hipocondríaco literario que busca síntomas con los que sentirse un enfermo más de esta bendita dolencia.

            Hoy aún me río de eso, y lo hago porque trataba de buscar la marca por diferencia con mis amigos, la mayoría de ellos más cinematográficos que la cara de Jack Nicholson asomando por una puerta rota a hachazos. Pero no es por recordar viejos tiempos, confesar mis reflexiones intoxicadas o brindarme la oportunidad del símil con el bueno de Jack que saco esto a colación, sino por una razón aceptable: creo que el modelo trae un defecto de fábrica que hace que muchos no terminen de contar lo que quieren contar, y como el cine y la televisión tienen ya tantos años… Sí, tú tampoco te libras de poder caer. Lo siento, socio.
viernes, abril 26, 2013

Escoria estelar IV


IV



De camino a la nave, contento por el dinero que me había ahorrado en el enmascarador, e ignorando las quejas de Roy porque decía que aquello no era lo que él había pedido, nos cruzamos con Ralphie y El Grumete, que también habían cumplido con su parte. Si a nadie se le ocurría montar una fiesta en la órbita de algún prostíbulo de ruta sideral, teníamos suficiente para una buena temporada. Aquellos dos también se quejaban de que les había dado poco dinero para todo lo que habían tenido que comprar, y que el material acopiado prometía más disgustos que satisfacciones. A fastidiarse tocaban, uno no monta un imperio comercial galáctico de la nada si no es a base de apretarse el cinturón y ahorrar lo máximo en todo lo que se pueda.
domingo, abril 21, 2013

Palabras robadas



Era un escarabajo grande, negro brillante y algo tornasolado, con un cuerno frontal que asustaba y unas afanosas patas que empujaban con nerviosismo aquella enorme bola de estiércol. Era estiércol del bueno, de una hermosa boñiga humeante que lo había llamado desde muy lejos con su embriagador aroma. Había elegido la parte más jugosa, la había desgajado con frenesí y, tras transformarla en una esfera de precisión casi matemática, la transportaba ufano con la ilusión de cambiarla por un rato de furor procreador con alguna buena hembra. 

Pero los hados no suelen ser generosos con los débiles, y la mala suerte, transformada en enorme pie pisador, espachurró al pobre escarabajo en su carrera nerviosa. Y allí quedó aquel gran escarabajo, en forma de plasta compañera de la plasta a la que había quedado reducida su preciosa bola de estiércol.



martes, abril 16, 2013

Ochete (Diarios de lo Despatarrante II)



OCHETE


Domingo, ocho en punto de la mañana. Hoy el día ha amanecido gris, cubierto por un ominoso manto de nubes de tormenta, saturado de humedad y presagios. Estamos frente a la entrada del Hospital Psiquiátrico Virgen de la Iluminación, o Balneario Virgen de la Iluminación, como le gusta llamarlo al padre Polón, el ínclito inquilino al que esperamos. En unos instantes, unos amables enfermeros traen al padre para cedernos su custodia durante el resto de la jornada. Ufano, sonriente, distendido, quizá de una manera especial debido a la sobremedicación administrada para evitar cualquier posible crisis nerviosa, se presenta ante nosotros este monstruo de la investigación paranormal patria, este padre del que todos los nuevos investigadores somos hijos adoptivos, este camarada, este amigo. Tras los abrazos de rigor, una vez firmados los permisos y confirmado que tenemos a mano el número privado del doctor Parra por si surge algún contratiempo, el padre Polón, la compañera Carmen Puerta y un servidor, abrimos este segundo capítulo de nuestros Diarios de lo Despatarrante. Inicialmente, la expedición iba a estar formada por cuatro miembros, sumando a los ya mencionados al compañero Santiago Macacho, pero este último ha estado desaparecido e incomunicado durante los dos últimos días, no sabemos a ciencia cierta por qué causa, aunque Carmen tiene la teoría de que ha sido premeditado por Santiago para evitar venir, algo ante lo que no me pronuncio por no contradecirla ni poner en un compromiso posterior al compañero. Sea como fuere, los tres partimos una vez más en pos del misterio, en esta ocasión el que envuelve al pueblo fantasma de Ochete, meca de lo paranormal desde hace décadas y que por ello ha recibido la visita de multitud de investigadores de diverso origen y caché. Ochete es un lugar de prodigios en el que se han visto luces, en el que se han grabado psicofonías y, sobre todo, se han tomado algunas instantáneas que aún hoy, después de muchos años de rigurosos exámenes, siguen siendo pruebas irrefutables de que han sucedido hechos inexplicables en el lugar. Adelante, pues, con esta investigación.


jueves, abril 11, 2013

Héroes de Anzio V


V

―¿Qué dicen por radio, han conseguido pasar o no?

            ―Aún nada, señor, siguen combatiendo. Nadie va a llegar al menos por unas horas. Tendremos que seguir aguantando hasta la madrugada.

            ―Pues aguantaremos. No se pueden desperdiciar balas, hay que estar atentos a todos sus movimientos, aprovecharemos la posición todo lo que nos sea posible. Si tienen agallas suficientes, que vengan a por nosotros.

            ―¡Señor!

            ―¿Gambino?

            ―¡Allí, tanques!

            ―¡Dios! Espero puedan pararlos esos muchachos. Nosotros no les podemos ayudar desde aquí. Concentrémonos en cubrir nuestra zona. ¡Allí!

            Un grupo de alemanes avanzan hacia la zanja que defienden varios desgraciados. Les precede el vuelo de varias granadas. Explosiones, humo, confusión. Están lejos, pero no demasiado. La Browning, trata de cortar su trayectoria. Wilson intenta hacer blanco, Olson también. Uno de los alemanes cae, el resto llega a la zanja y se lanza a bayoneta calada contra los rangers atrincherados en ella. Gritos, pavor, más confusión. Uno de los rangers atraviesa carne con el machete, un alemán lo derriba y lo remata a culatazos. Gambino hace blanco, Wilson también. Todos los rangers han caído, ahora son tres alemanes los que tratan de aprovechar la cobertura de la zanja. El fuego se centra sobre ellos, otros los cubren desde posiciones más lejanas.
sábado, abril 06, 2013

Amigas


Elsa está asustada; la aguja del cuentakilómetros hace un buen rato que no deja de merodear por la marca de los ciento setenta, como si Paco pensara escapar por velocidad de todos los problemas que habían surgido.

Algo aparece frente a ellos, de súbito, tanto que no le da tiempo a reconocer lo que entra en el coche a través del parabrisas, precedido por multitud de fragmentos de cristal. Se siente zarandeada brutalmente, como si estuviera dentro del tambor de una lavadora en proceso de centrifugado, mientras incontables aristas surgen de la nada para atormentarla.

De repente un fuerte golpe, dolor… oscuridad… frío…

–… ¡Cuidado!...

–… Creo que está viva…

–… Presiónalo fuerte…
lunes, abril 01, 2013

Las tareas del lector


Hace ya cierto tiempo, tras leer un relato de Miguel Cisneros, nuestro Guy, y mientras trataba de racionalizar por qué aquel texto no me había gustado, terminé llegando a una conclusión un tanto peregrina, algo en lo que nunca me había parado a pensar pero que, echando la vista atrás a la luz de aquella idea, me pareció que siempre había estado ahí, aunque yo nunca me hubiese fijado. Me había quedado la impresión de que al relato le faltaban partes, algunas más o menos sugeridas, otras ni eso. Yo tenía que identificar los huecos y, en la medida en que me hicieran falta para poder seguir la lectura (hacerla acorde a mis esquemas mentales, poder sentir que estaba siguiendo un discurso completo), añadirlas de mi propia cosecha, sin ningún tipo de control por parte del autor y con total libertad (se podría decir que para perderme) a la hora de elegir los elementos a suponer incluidos; es decir, que en cierta forma se me obligaba a ser coautor de la obra que tenía entre manos. Otros detalles que ayudaron a que mi impresión fuera negativa eran el haberme encontrado con metáforas y símbolos demasiado propios del autor, pertenecientes a una imaginería que me resultaba ajena, y también ciertas combinaciones de términos de una audacia excesiva para mi gusto, rayando el “abuso” o el “engaño” (como la pantagruélica cuerda o el hierático bocadillo que tanta gracia le hacen al amigo Ernesto Fernández, weiss), algo que me es muy difícil aceptar porque, personalmente, entiendo que los adornos de la prosa deben estar sustentados en la significación, y ésta a su vez en la historia que me están contando o que me pretenden contar.

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