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Cuando
del amor-odio se pasa al odio a secas…
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Sevilla, barrio de la Macarena, en un
cuarto de una pequeña casa de un corral de vecinos. Una fila de mujeres
enlutadas y compungidas va presentando sus respetos a Juanito, el hijo de la
difunta viuda, que ha estado viviendo con ella desde su nacimiento hasta sus
casi cuarenta años. El pobre parece absorto por la terrible pérdida que lo ha
dejado solo en el mundo, y no reacciona ante las palabras y los gestos de los
que se acercan a él…
—¡Ay, Juanito, que pena más grande! —exclama
una mujer al tiempo que hunde la cabeza del recién huérfano en la mullida
voluptuosidad de su pecho.
“Y que lo digas, Clara. No hay pena
más grande que la del que nace hijo de una bruja posesiva, tacaña, envidiosa,
cotilla, maliciosa, manipuladora, resentida, amargada y todo lo peor que te
puedas imaginar.”
—¡Ay, Juanito, qué buen hijo has sido!
¡Eso es cariño, estar con una persona hasta el final! —dice la mujer que toma
el puesto de Clara en la ronda de achuchones.
“Sí, hasta el final. Pero supongo que
la cosa no habría sido así, y yo tendría ahora una vida normal, si no fuera por
el arsenal de artimañas sucias del que hizo gala mi madre para frustrar todas
mis relaciones.”
—¡Ay, Juanito, que muerte más
repentina e inesperada! —solloza una tercera vecina achuchadora.
“Tampoco tanto, Pilar, que llevaba ya casi
un año planeando la muerte accidental cuando se me ocurrió la idea del enchufe
en mal estado.”
2 comentarios:
Me he reído mucho, no es tan facil morir cómo parece jeje!
Un saludo!!
La mala costumbre que tienen algunas personas de no morirse cuando les toca, ya les vale... jeje... Muchas gracias por pasarte, Keren.
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