Para enfermos de aburrimiento alérgicos a la pasta de celulosa, para exiliados de bibliotecas con tiempo pero sin estantes, para marineros de la red con tendencia a hacer parada y fonda en tabernas de relatos, para viajeros de sillón y amantes de la aventura estática, para todos ellos y para ti mismo se abre esta consulta literaria, la del doctor Perring, enhebrador de palabras, zurcidor de conceptos y trazador de historias.


Tratamiento único y definitivo: tú pones los segundos, el que suscribe pone las letras...

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domingo, febrero 24, 2013

Tres visiones de Solaris


Presentación-Una idea peligrosa



Cuando desde la dirección de Generación Zero se nos hizo saber que el siguiente número, el que ahora mismo estás leyendo, versaría sobre Ciencia Ficción, fue casi instantáneo pensar en Lem. ¿Por qué Lem? La lista de nombres que han escrito Ciencia Ficción es casi inabarcable y, por suerte para los afectos al género, aquellos cuyas obras son reseñables también se cuentan por decenas: Isaac Asimov, Philip K. Dick, Arthur C. Clarke, Frederik Pohl, Orson Scott Card, Ray Bradbury, Dan Simmons, H. G. Wells, el propio Howard Phillips Lovecraft en algunas ocasiones... y esto sin ser exhaustivos con la recopilación de talentos, que podría extenderse durante muchos más nombres y aun así siempre habría alguien que nos acusaría de haber olvidado a su favorito. ¿Qué tiene, pues, de especial Stanislaw Lem? La respuesta es compleja en muchos aspectos pero sencilla en otros, pues si algo tiene Lem que no tiene nadie más es Solaris. Se pueden alegar artefactos, teorías y personajes fabulosos; psicohistorias, replicantes, dos mil unos, pórticos, Ender y los cerdis (sí, sí, los cerdis, esos seres fantásticos y simpáticos incluso en los momentos más dramáticos, ¿quién no querría un cerdi por mascota o amigo?)... pero quizá, y sólo quizá, Solaris vaya más allá de todos ellos al condensar en menos de trescientas páginas algunos de los temas más importantes de la Ciencia Ficción y, además, ofrecer una lectura demoledora de uno de los pilares de las sociedades desarrolladas contemporáneas desde finales del siglo XIX, la ciencia.

Sin embargo, hablar de Solaris para plantear esto resultaría prácticamente baladí desde el momento en el que basta con teclear autor y obra en tu buscador de Internet favorito para encontrar cientos de entradas que lo dicen. ¿Qué podríamos añadir que no hubiera sido dicho una y otra vez hasta casi llegar a conseguir que el sentido final de la obra se diluya en la interpretación repetitiva, casi canónica, de la misma? La respuesta está en sus adaptaciones cinematográficas, tanto la rusa, firmada por Tarkovski en 1972, como la norteamericana de Soderbergh, treinta años más tarde. Y, sobre todo, la visión de cómo la propia historia de Solaris y la solarística, así como las ideas “peligrosas” que se escondían tras ellas se van viendo matizadas, llegando incluso a desaparecer conforme avanzan los años y los ojos que se vuelven hacia el cielo en busca de respuestas cada vez se plantean menos preguntas. Así pues, pasen y lean la triste historia de la decadencia de la solarística, de la capacidad de muchos para poner en duda las verdades que nos venden como absolutas, y del apoteosis de la ciencia.

jueves, enero 31, 2013

El Hombre y la Letra V



Tócala otra vez, Sam, que diría aquel. Pero en esta ocasión no voy a pedir que pongan la tonada del maestro Antón García Abril. Pongan esa otra, As time goes by, el fragmento que suena en Casablanca… al menos por ahora…


Queridas hermanas-cabritilla, ya llegó la quinta entrega de este documental narrado en el que hemos tratado de poner luz y taquígrafos sobre esos laberintos en los que algunas veces nos metemos y en los que terminamos perdiendo las ganas de todo. Lo que empezó como la suma de un par de chistes con los que rellenar una columna se ha convertido en una larga fila de palabras que nos traen hasta el momento presente después de haber hecho parada y fonda en tantas anécdotas, gracietas sin gracia y vacuos soliloquios. Aquí están las últimas peripecias de nuestro aficionado-cabritilla al que, fíjate tú qué cosas, el que suscribe ha terminado por tomarle cariño, sobre todo por la multitud de palos que se ha llevado en su particular valle de lágrimas literario. Ha llegado la hora de despedirnos de él y decirle que siempre nos quedará Internet…



… y ahora sí, pongan la otra melodía…

miércoles, abril 20, 2011

El Hombre y la Letra IV

Ya se escucha la tonada del maestro Antón García Abril, ese inicio como de amanecer, y de fondo, subiendo poco a poco, terminando de emerger, la melodía de sabor étnico, aroma a selva y ritmo de aventura que nos mete de lleno en la acción. Así comenzaba El Hombre y la Tierra; así comienza El Hombre y la Letra.

Bienvenidos todos (déjame hacerme la ilusión de que al otro lado hay multitud) a esta nueva entrega de El Hombre y la Letra. Bienvenidos a esta fiesta de la vida, a este canto a la naturaleza, al mirador desde el que, en cada ocasión que se nos brinda, tratamos de centrar la atención en esos detalles más o menos grandes, más o menos habituales, que siembran el desencanto entre las filas de nuestra comunidad de aficionados-cabritilla. Hoy traemos a colación tres nuevos peligros que, si bien a algunos ya les sonarán de algo, o incluso les son de sobra conocidos, quizá otros aún no tengan noticia de ellos, y sólo por brindar consejo a estos últimos merece la pena que insistamos en sus características, la manera de identificarlos, la forma de huir de sus ansias predadoras...

viernes, marzo 11, 2011

El Hombre y la Letra III



Qué, ¿hace falta que lo diga? Buscador, reproductor… Ahí está la que tenía que estar, la sintonía de “El Hombre y la Tierra”. Vámonos que nos vamos.


Una vez más, amigos, estamos aquí para asistir a la gran tragedia de la vida, la lucha intemporal entre depredador y presa, la existencia llena de peligros y acechanzas del aficionado-cabritilla. Volveremos a contemplar su lucha diaria por llegar a un próximo amanecer sin haberse topado de frente con el desencanto. Ya quedaron atrás el ditirambo tóxico, los concursos de pago y la maldición de la no-ubicuidad, el incidente de la historia recurrente, el comentarista feroz, y la historia de la novela interminable. Todo eso quedó atrás. ¿También quedaron atrás los peligros? No, me temo que no. Nuestro aficionado-cabritilla siempre será presa; no cambia el juego, cambian los rivales…

miércoles, septiembre 15, 2010

El Hombre y la Letra II




Aquí estamos con la segunda entrega de nuestro “El Hombre y la Letra”, así que ya saben qué música deben poner, ¿no? Pues al lío.


En nuestra anterior entrega dejamos a nuestro pobre aficionado-cabritilla tratando de zafarse del ditirambo tóxico, intentando no ser víctima del engaño de los concursos de pago y procurando no caer en el pozo del voluntarioso, terribles pruebas que tendrá que superar nuestro amigo si no quiere ser presa de la frustración y el desencanto. ¿Lo conseguirá? Quién sabe, a veces la gacela Thomson salva la vida y el documental termina con música alegre; otras no tanto. Lo único seguro es que, aunque consiga salir airoso de los trances arriba mencionados, el aficionado-cabritilla aún debe permanecer ojo avizor porque, lo sepa él o no, sigue estando rodeado de amenazas, trampas en las que podrá caer si se despista.

martes, agosto 31, 2010

El Hombre y la Letra I




Primero, antes de empezar a dar la tabarra con otra de mis parrafadas, me hacen el favor de poner la música con la que se iniciaba la mítica “El Hombre y la Tierra”… 


¿Ya? Perfecto.

El aficionado a esto de juntar letras, perpetrador habitual de relatillos, ocasional de los micros o infatigable de su novela siempre pendiente, asiduo a foros literarios, titular de blogs, facebooks y demás dedicados a lo mismo, ése que te encuentras normalmente en las ferias del libro asistiendo a conferencias o comprando a golpe de corazonada o consejo de fiabilidad a prueba de decepciones, ése, repito, es, en más de una ocasión, como la cabritilla montesa de los documentales de “El Hombre y la Tierra”. ¿Alguien se acuerda? Yo sí, o al menos conservo suficientes referencias como para reconstruir un recuerdo ficticio ad hoc. Se la veía (a la cabritilla, digo) perdida, alejada de su madre, y no hacía falta oír las siempre enriquecedoras palabras del maestro para saber lo que iba a suceder: se la iban a comer, o se iba a despeñar y despanzurrarse contra las rocas de abajo, o algo por el estilo; el caso es que lo iba a pasar mal sí o sí. Ley de vida, que se suele decir en estos casos para evitar compadecernos de la cabritilla, el ñu, o la gacela Thomson de turno; o si no enfadarnos con los despiadados documentalistas que no tuvieron corazón para echarles un cable.

lunes, julio 05, 2010

Zombis de Haití



En 1999, la Sociedad Antiesclavista de Londres sacó a la luz un informe aterrador en el que constataba la existencia de más de mil casos de zombificación en el caribeño país de Haití. Éste es sólo un ejemplo de la oscura realidad que se esconde tras palabras como Vudú, zombi o bokor que, debido a influencias cinematográficas o literarias en las que dichos términos se han usado para adornar todo tipo de fantasías, son tomados con cierta ligereza por una opinión pública que en su mayoría desconoce la verdad tras el mito. Y no es tampoco algo de extrañar cuando hablamos de Haití, un lugar singular, con una historia y unas tradiciones propias, una cultura arrancada de su tierra natal que, aislada no sólo de sus vecinos sino del resto de mundo, ha devenido en un universo cerrado y aterrador en el que muchas veces las pesadillas se pueden tocar con las manos.

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